Al pan, pan

El otro día una amiga nos confesaba que en su estancia en España lo único que había echado de menos era la carne, como buena chilena, y el pan.

¿El pan? – nos sorprendimos nosotros.

Pero pensándolo bien tiene mucho sentido. Al fin y al cabo, el pan es uno de los elementos más cotidianos que tenemos y por eso resulta muy difícil acostumbrarse a los panes ajenos.

Acá no tienen barras, ni pistolas, ni baguettes, ni chapatas, ni hogazas, ni pan del chino (¿caliente o flío?), ni ningún tipo que haga heridas en el paladar. Acá tienen todo tipo de panes individuales, empezando por la hallulla, que nosotros pronunciábamos al modo marroquí: “jalula” hasta que descubrimos que de árabe no tiene ni la miga y se dice “ayuya”, las marraquetas, las dobladitas, los bocados de dama y terminando por un misterioso pan amasado, que nos provoca la duda de si solo éste es amasado, cómo demonios se hacen los otros panes.

panes chilenos

Anuncios