La Regalona

Zaphir - gata

Yo tenía una granja en África…

…bueno, una granja no, pero sí una casa muy grande con jardín en Yaundé. Me llamaba Zaphir y tenía una familia diplomática. ¡Era una aristogata feliz!

Hasta que un buen día aparecí en el piso de la profesora de español de mi dueña. Pensaba que solo iba a pasar allí las vacaciones, pero se encariñaron conmigo, me empezaron a llamar Lili e hicieron todo tipo de estratagemas para no devolverme a mi apacible vida anterior.

Al principio no le di mucha importancia, pues con estos españoles no estaba tan mal. No tenían jardín, pero sí un pasillo muy largo por el que perseguir ratones. Lo que ya no me gustó tanto fue tener que dejar Camerún. Una noche me dieron una pastilla para dormir y, tras unas horas confusas, me desperté en Madrid, donde descubrí el frío.

El sol de Madrid

En Madrid aprendí un truco: calentarme al sol por el día y esconderme bajo la manta por la noche

Los meses pasaron rápido. Mis dueños se inventaba mil cosas para que no me aburriese. Grabé un vídeo, hice algunas excursiones y hasta me presentaron a unas primas gatas. El calorcito empezó de nuevo y ahora lo complicado era buscar el lugar fresco de la casa, sin jardín, ni pasillo, ni ratones.

Y un día, de repente, volvieron los movimientos de traslado. Ellos piensan que no me entero, pero ya les voy pillando el tranquillo. De un día para otro desapareció uno de ellos y nos quedamos las chicas solas. Estaban tramando algo. Me llevaron a la veterinaria y prepararon mi pasaporte. Me tomé la pastilla para dormir pensando que volvíamos a Camerún. Pero cuando me desperté, me encontré al otro lado del mundo, en un minidepartamento en el centro de Santiago de Chile. Al menos estaba el tipo que había desaparecido en agosto.

gata en la maleta

Lo mejor de los viajes son los reencuentros. Volvíamos a estar los 3 juntos, pero ¿por cuánto tiempo?

A los pocos meses volvieron a sacar las maletas y no paraban de hablar de España. Me temía que iba a tener que sufrir otras 14 horas de avión, pero no, esta vez decidieron llevarme a un campamento de verano en casa de Claudia, una actriz chilena, loca amante de los animales, donde me encontré con otros 4 gatos y 25 perros. Me dio tanto miedo que no salí de la habitación de la hija en quince días. Por lo menos esta nueva amiga tocaba la guitarra para mí, pero su madre no paraba de llamarme “regalona“, que no tengo ni la menor idea de lo que significa.

Esta experiencia no me convenció del todo, así que salté de alegría cuando vinieron a recogerme para llevarme de nuevo a nuestra casita. Pero estos dueños que tengo no saben estarse quietos, aún no ha pasado ni un mes y ya han vuelto a sacar las maletas. Por los comentarios y el trasiego de bártulos, me da a mí que dejamos esta casa para siempre, y si mi olfato gatuno no me engaña, creo que dejamos también Santiago.

Lili en las maletas

¿Dónde me llevarán esta vez?

Anuncios