Roberto Bolaño y Los Ángeles

Toda ciudad tiene sus secretos y Los Ángeles no podía ser menos. Empeñados en desvelarlos y acabar con esa fachada de ciudad anodina, nos topamos con una historia que pocos angelinos conocen. El gran Roberto Bolaño tiene una interesante relación con esta ciudad: en ella nació su padre, en ella vivió el propio Bolaño algunos años de su adolescencia y es además la causa de su vuelta a Chile 25 años después de su marcha. Ya tenemos por dónde empezar a tirar del hilo hasta deshacer la madeja.

(…) Salí de Chile en enero de 1974. La última vez que tomé un avión en mi vida. No pensaba subirme a un avión nunca más en mi vida. Un día me llamó una chica de Paula y me preguntó si quería formar parte del jurado del concurso de cuentos que la revista organiza. Dije que sí de inmediato. No sé en qué estaría pensando. Tal vez en los atardeceres privilegiados de Los Ángeles, pero no en Los Ángeles de California, en la ciudad que surgió de la nada desde cuyas azoteas es factible ver el esplendor que supura cada rincón del planeta. Es posible que estuviera pensando en eso. Es posible que estuviera haciendo el amor. Sí, ahora me acuerdo, era eso. Entonces sonó el teléfono y salí de la cama y contesté y una voz femenina me preguntó si me gustaría viajar a Chile y entonces la ciudad de Los Ángeles llena de rascacielos y de palmeras se transformó en la ciudad de Los Ángeles llena de casa bajas y calles de tierra. Los Ángeles, la capital de la provincia del Biobío, la ciudad en donde Fernando Fernández jugaba al taca-taca en patios que parecían soñados por adolescentes locos, la ciudad en donde Lebert y Cárcamo caminaban siempre juntos y en donde el tolerante Cárdenas fue presidente de curso en un Liceo de Hombres diseñado por algún ayudante del diablo y en donde el Pescado entró de golpe en la clandestinidad. La ciudad de los malones vespertinos. La ciudad salvaje cuyos atardeceres eran como el comentario afásico del privilegio. Así que dije que sí de la misma manera que hubiera podido decir que no. La habitación estaba a oscuras, esperaba una llamada telefónica, pero no ésta, la voz que me hablaba desde el otro lado del mundo era dulce. En ese momento pude haber dicho que no. Pero dije que sí porque la capital de la provincia de Biobío saltó de golpe, como un gato montés, sobre el mapa de la ciudad de la felicidad y la arañó y en esos arañazos (imperceptibles) ya estaba escrito que tenía que volver a Chile y que tenía que volver a subirme a un avión.

Fragmentos de un regreso al país natal

Liceo de hombres - Roberto Bolaño

El Liceo de Hombres, “diseñado por algún ayudante del diablo”, donde estudió Bolaño la secundaria. Próximamente será un centro cultural

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