Vuelvo al sur

Solemos jugar a ver cuál es el punto más lejano al que hemos ido, juntos o por separado. El oeste lo gano yo con el viaje a California y el del este Vanessa con Hungría. Ahora juntos hemos alcanzado el punto más al sur con este viaje de Fiestas Patrias a Valdivia y al Lago Ranco.

Valdivia

Leones marinos en la feria fluvial de Valdivia, uno de los atractivos de la ciudad

Valdivia, junto con Valparaíso, es la ciudad favorita de chilenos y extranjeros. Es pequeña, bonita y paseable, con dos grandes ríos que la bordean y forman preciosos humedales y una arquitectura alemana que la hace diferente y especial. De ese pasado alemán también conservan la pasión por los kuchen y la cerveza. Nosotros no somos muy golosos, así que no opinaremos sobre el dulce, pero sí podemos decir con conocimiento de causa que la cerveza Kuntsmann de origen valdiviano está buenísima. Su universidad es la más importante del sur lo que la convierte en una ciudad con mucha vida estudiantil y bohemia, como les gusta indicar a los chilenos.

Durante los primeros días de viaje estuvimos en el pueblo costero de Niebla, en casa de Tierra y Zacarías, dos couchsurfers que se han recorrido el mundo en su camioneta. Tuvimos suerte y la típica lluvia valdiviana casi no apareció durante nuestra visita. Así pudimos disfrutar de paseos por la playa y del fuerte que los españoles construyeron para proteger esta estratégica bahía de los piratas y corsarios ingleses y holandeses. Y con el auto de arriendo visitamos el resto de la costa y nos adentramos en la selva valdiviana, bosque autóctono costero que ha conseguido sobrevivir a la invasión de pinos y eucaliptos.

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