Golosos

Un país en el que llaman manjar (“comida exquisita”) al dulce de leche, chilenitos a los alfajores y tienen un postre bautizado como dulce patria está claro que es un país de golosos

No hay cosa que más guste a un chileno que el dulce y especialmente el manjar, protagonista absoluto de cualquier postre, ya sea torta, alfajores, panqueques o cuchuflís (barquillos rellenos). Y no solo los dulces tradicionales, también los modernos, como el manjarate, se basan en el manjar.

Un chileno siempre encuentra una excusa para comerse un dulce y asocia ciertos momentos de su vida con los postres.

Todo cumpleaños gira en torno a la tarta. Se espera con ansia, se devora, se repite y se critica.

Un día en la playa no se concibe sin comer palmeras o pan de huevo.

cuchufli

Clásico vendedor de dulces playeros con su canasto

En los días de lluvia se comen religiosamente sopaipillas pasadas (un masa frita remojada en una melaza llamada chancaca).

En un viaje por carretera no puede faltar el momento de descanso en el que se compran empolvados a las palomitas blancas, señoras vestidas de blanco que atraen a los conductores agitando pañuelos desde el arcén.

Los no golosos somos unos incomprendidos en este país y nos miran con pena cuando decimos que en España no existe el manjar (“no se preocupen, yo les enseño un truco: pongan una lata de leche condensada a cocer y ya tienen manjar, aunque no sea tan rico como el de campo, les salva de un apuro”).

Aprovechamos el blog para confesar y decir alto y claro que no nos gusta el manjar, ni el huevo mol, ni el merengue, ni la crema, ni la torta de tres leches, ni los milhojas, ni los calzones rotos, ni los cachitos, ni los berlines, ni el brazo de reina, ni los príncipes.

¡Uf, qué desahogo!

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