De veraneo

lago llanquihue

Veranear es una de nuestras palabras favoritas, pero en Chile la usamos poco porque aquí no se dice y porque además no la ponemos en práctica, ya que cada año cambiamos las vacaciones de verano por una maravillosa y fría Navidad con la familia y los amigos en España. Cosa que nos encanta, pero luego llega febrero (equivalente a nuestro agosto), Santiago se vacía, y nosotros echamos de menos disfrutar del relax y del sol del verano austral. Este año hemos decidido combinar trabajo y veraneo aprovechando los fines de semana para descubrir los destinos típicos de vacaciones chilenas.

Uno de estos lugares es el lago Llanquihue, al sur, en la región de los Lagos, que destaca por sus bellos parajes naturales y por sus pintorescas ciudades con influencia alemana. Decidimos empezar nuestro viaje con una visita a Puerto Varas, donde pudimos apreciar la típica arquitectura germánica de sus casas, pero pronto nos cansamos de los otros “veraneantes” y huimos a Ensenada, un diminuto pueblo a orillas del lago en la falda del volcán Osorno, que establecimos como base de operaciones.

Desde allí, nuestra primera excursión fue al Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, donde hicimos una larga caminata por bosques nativos hasta llegar al mirador del paso Desolación y al bajar nos dimos un merecido baño en las aguas verde esmeralda del lago Todos los Santos.

paso desolación

Vista desde el paso Desolación

lago todos los santos - baño

Lago Todos los Santos en el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales

El día lo terminamos disfrutando del atardecer en Cochamó, un pueblo aún más pequeño que merece una visita mucho más larga. Es poco turístico porque la carretera asfaltada no llega hasta él, pero tiene una preciosa iglesia de estilo chilote y es la entrada al valle del río Cochamó, al que sin ninguna duda pronto volveremos para explorar.

Al día siguiente teníamos pensado dar la vuelta al lago para conocer Puerto Octay y Frutillar, las dos ciudades que siempre nos recomiendan, pero el volcán Osorno nos cautivó, empezamos a ascender por la carretera para verlo un poco más de cerca y antes de darnos cuenta estábamos montados en el telesilla llegando a la nieve y a los cráteres. Mereció la pena subir, pasear por el terreno lunar del Osorno y disfrutar de las maravillosas vistas del lago y de los volcanes que lo rodean: el Puntiagudo, el Tronador y el Calbuco. Las ciudades las dejamos para una próxima visita.

Aunque no fue el típico veraneo de playa y chiringuito, nos sentaron de maravilla estos días en plena naturaleza.

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