De veraneo II

valle del elqui

Seguimos con nuestro veraneo de fin de semana porque eso es lo que hemos decidido ser en la vida: veraneantes. 

El otoño acecha y la ciudad comienza a llenarse de los malhumorados santiaguinos que vuelven de vacaciones y retoman a duras penas el ritmo mientras nosotros volvemos a escaparnos para seguir descubriendo Chile. En esta ocasión optamos por ir al norte, a uno de los destinos que siempre nos recomiendan: el Valle de Elqui.

Nos quedamos en Pisco Elqui, pueblo que debe su nombre a la producción de pisco, y cuya “arquitectura rústica retiene una elegancia bucólica que recuerda a una aldea toscana” -así miente la Lonely Planet-. Tanto el valle, con sus verdes viñedos que contrastan con sus montañas desiertas, como sus pequeños pueblos, con sus casas de adobe, son realmente maravillosos, pero no se parecen a la Toscana. Es un lugar increíble, de una belleza única, que no necesita compararse con ningún otro sitio. 

El valle se ha hecho famoso internacionalmente (¡a buenas horas lo descubre el New York Times!) por sus cielos limpios y despejados que permiten ver millones y millones de estrellas. Han construido en varios pueblos importantes observatorios y puesto de moda el astroturismo, pero basta con levantar los ojos para darse cuenta de que un cielo así no se ve todos los días.

Y por si fuera poco, el valle en el que nació Gabriela Mistral es además un lugar lleno de energía y espiritualidad. Dejamos el reiki, las terapias alternativas y la búsqueda de OVNIS para cuando nos visite nuestra querida Ana. Esta vez nos conformamos con la excursión por el valle en bici y el relax en la piscina.

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