La Casa de la Cueca

La Casa de la Cueca aún es una picada honesta. Pero no sabemos si por mucho tiempo, pues está en el límite en que deja de ser un lugar conocido por el boca a boca y pasa a ser un destino destacado en la guía Lonely Planet y se llena de guiris. De momento, mantiene su esencia folclórica y sus sencillos parroquianos chilenos amantes de la cueca (aunque se cuele algún español o algún periodista famoso, como los presentadores de Ojo en tinta).

Lo más curioso del lugar es que es una casa particular que un domingo al mes se convierte en restaurante. Las mesas repletas de comensales se colocan en los pasillos, en los dormitorios y en el salón e, incluso, el baño de señoras es el baño de la casa, con su lavadora, sus cepillos de dientes y sus utensilios de teñir el pelo. Unos camareros (amigos o familiares) sirven típica comida chilena mientras distintos artistas tocan cuecas (baile nacional chileno) para amenizar el almuerzo.

La casa es el hogar de una pareja de reconocidos folcloristas: Pepe Fuentes y María Esther Zamora, que intentan que la cueca deje de ser una cosa de viejos y de fiestas patrias y se baile durante todo el año. Y según pudimos comprobar lo están consiguiendo, pues tras la comida, en cada rincón de su casa zapatean bailarines de todas las edades.

Además de estas fiestas mensuales, durante la semana imparten clases de cueca. Nosotros, por ahora, no estamos interesados y no nos atrevemos ni con la cueca brava ni con la chora ni con la urbana ni con la tradicional. Nos conformamos con ir algún domingo que otro con amigos a mirar cómo agitan sus pañuelos los chilenos en este templo del baile y del borgoña (vino tinto con fresas).

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