Buenos Aires, una y mil veces

Una de las mejores cosas de vivir fuera de España es recibir visitas. Nos encanta ser anfitriones, acogerlos en casa, enseñarles nuestra vida, nuestra ciudad y, sobre todo, viajar con ellos. Así que si los invitados (Alicia y Ernesto en este caso) se empeñan en hacer una parada en Buenos Aires antes de venir a Santiago, no nos queda otro remedio que acompañarlos.

Buenos Aires es una ciudad maravillosa a la que puedes ir una y mil veces y nunca aburrirte. La primera vez que fuimos era invierno, esta vez otoño. Nuevos colores, nuevos paisajes y nuevas sensaciones. Este viaje además tenía el aliciente de descubrir la ciudad porteña con la familia. Cuatro alcarreños recorriendo las inmensas avenidas de Buenos Aires, negándonos a tomar el transporte público porque queríamos recorrerlo todo a pie sin perdernos un rincón. La ciudad invita a caminar, a descubrir y a disfrutar con calma de todas las sorpresas que van apareciendo.

A los cuatro nos gusta conocer, además de la superficialidad turística, la rutina de la ciudad y disfrutamos de cualquier anéctoda que se presenta. Así que nos alquilamos un pisito en Palermo (Viva Airbnb) y vivimos unos días la cotidianidad del barrio comprando en la panadería, en la frutería y en las ominipresentes tiendas de chinos. En nuestros múltiples paseos por la ciudad investigamos por qué hay baobabs en todos los parques porteños, no encontramos la chocolatería de la calle Corrientes, descubrimos que sacan en procesión el sable corvo del general San Martín, vivimos las fiestas patrias con conciertos en la plaza de Mayo, buscamos tesoros en librerías y viejas tiendas de discos, hicimos uso del servicio oftalmológico argentino y nos reímos sin cesar.

Siempre nos marchamos con la sensación de que Buenos Aires es una ciudad más para vivir que para visitar. De nuevo nos planteamos si tomar el vuelo de vuelta, pero esta vez teníamos que recibir a nuestras visitas en Santiago y mostrarles la que ahora es nuestra casa.

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