Perú al tiro #Lima

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De Lima siempre dicen, y con razón, que es una ciudad gris, pues salvo un par de meses de verano está siempre cubierta por unas nubes que te empujan hacia el suelo y te hacen desear más que nada en el mundo ver el sol. Pero a nosotros no nos pesó su grisura, pues fuimos a visitar a una amiga muy querida. A una de esas amigas dispersas por el mundo con la que no necesitamos ni cruzar una palabra para sentir que nos vimos ayer. A Erica la conocimos en Roma hace diez años y ahora vive en Lima con César. Pasan los años, la vida da sus vueltas y nosotras nos seguimos riendo y haciéndonos felices cada vez que nos encontramos. 

A parte de ser gris, Lima es una ciudad muy interesante que con una buena cicerone se disfruta mucho. La vimos rápido dejándonos mil cosas para la próxima vez. Conocimos un poco la vida cotidiana. Paseamos por el malecón de Miraflores, compramos en la bioferia, comimos pulpo en el mercado de Surquillo, acariciamos gatos en la plaza Kennedy, visitamos la Huaca Pucllana de noche y nos dieron las tantas en los bares de Barranco

De lunes a viernes los casi 10 millones que viven en la ciudad convierten al centro, lugar principal de trabajo, en un hormiguero. El domingo, sin embargo, se puede pasear tranquilamente por sus plazas y jirones, admirar sus iglesias, sus casas coloniales con balcones tallados y visitar sus museos.

También Barranco merece un buen paseo diurno para perderse por sus calles y ver sus casas convertidas en bares, librerías y galerías, su arte urbano y su aire pintoresco. 

Nos encantó Lima, aunque la viésemos de reojo entre conversaciones, recuerdos y carcajadas. O precisamente por eso.

 

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