Perú al tiro #Machu Picchu

Una de las razones de este viaje a Perú era ir a Machu Picchu, pero después de una semana en el país empezábamos a estar un poquito saturados con tanta foto en hoteles y restaurantes, tanta postal, tanto recuerdito, tanta oferta de tour y tanto gringo ataviado con su equipo North Face y el toque del gorro andino.

El hartazgo se nos pasó nada más comenzar a subir antes del amanecer desde Aguas Calientes en bus (también se puede subir andando, pero preferimos guardar fuerzas par el resto del día) y empezar nuestra visita a la famosa ciudad inca a las 6 de la mañana. A esa hora ya hay turistas, pero aún no en manada, y se puede ir descubriendo tranquilamente el increíble entorno inmerso en la niebla. Es mágico.

Después empezamos el ascenso al Wuaynapicchu, la montaña que aparece en las fotos siempre detrás de las ruinas. Para subir hay que comprar la entrada con meses de anticipación, pues el acceso está restringido a 200 personas al día. Es muy recomendable porque la vista es espectacular y porque además te permite estar unas horas subiendo escaleras imposibles en medio de la montaña, alejado de los turistas. La otra montaña a la que se puede subir es Machupichu, para la que no es necesario comprar entrada independiente. Nosotros la dejamos para el próximo viaje.

Afortunadamente los grupos de turistas se mueven fundamentalmente por el hambre, así que a la hora de comer empiezan a desaparecer poco a poco y desde las 14h hasta que cierran se pueden recorrer las ruinas con más calma sin sentir que estás en un hormiguero

El consejo más valioso que nos dieron antes de ir fue precisamente el de, por muy temprano que hayas llegado, quedarse hasta que cierren pues el paisaje sin turistas cambia completamente y te reconcilias con el mundo a medida que esos grupos van desapareciendo.

Al estar en mitad de la selva, el clima varía mucho a lo largo del día y el cielo y la niebla se convierten en protagonistas del paisaje.

A pesar de habernos levantado a las 4 de la mañana y llevar todo el día zascadileando, aún nos quedaban fuerzas para bajar andando hasta Aguas Calientes. Un tranquilo paseo para comentar todas las aventuras del día e ir saliendo de ese maravilloso espectáculo lentamente.

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